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La actual operación contra el COVID-19, es la misión de las Fuerzas Armadas en esta crisis sanitaria ha sido bautizada con el nombre de Operación Balmis. El título rinde tributo a la expedición humanitaria que lideró Francisco Javier Balmis entre 1803 y 1806, un médico militar que llevó la vacuna de la viruela a los territorios del imperio español en AméricaFilipinas y China.

¿Quién fue el Doctor Balmis?

Francisco Javier de Balmis y Berenguer, más conocido como Doctor Balmis (con calles en la mayoría de ciudades españolas) en el gran olvidado de la medicina moderna. Salvó millones de vidas en su «Expedición Balmis» o Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, en la que dio la vuelta al mundo, recorriendo 31.000 kilómetros.

Llegó a ser el médico personal de Carlos IV. Persuadió al Rey de enviar una expedición a América a propagar la recién descubierta vacuna de la viruela. Balmis y José Salvany fueron el alma de la expedición, la cual partió del puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803 a bordo del navío María Pita. De allí viajó a San Juan de Puerto Rico, La Guaira, Puerto Cabello, Caracas, La Habana, Mérida, Veracruz y la Ciudad de México.

La actual operación contra el COVID-19, es la misión de las Fuerzas Armadas en esta crisis sanitaria ha sido bautizada con el nombre de Operación Balmis.

La vacuna llegó a lugares tan lejanos como a Texas en el norte y a Nueva Granada en el sur. Aunque no el propio Balmis, otros miembros de su expedición, entre ellos el doctor Salvany, llevaron la vacuna a América del Sur, hasta Chiloé, en la actual República de Chile, y en esa época el territorio más al sur bajo dominio español en el Pacífico.

En la Ciudad de México, a Balmis le costó convencer al virrey José de Iturrigaray, pero finalmente él y su hijo fueron vacunados.

En septiembre de 1805 Balmis zarpó a bordo del Magallanes del puerto de Acapulco hacia Manila, capital de las Filipinas, y en 1806 volvió a España. En su viaje de regreso todavía difundió la vacuna por Macao y Cantón (China) y en la isla de Santa Elena, posesión inglesa del Atlántico Sur. Volvería a Nueva España de nuevo en 1810.

¿Cómo transportó la vacuna tan lejos y durante tanto tiempo?

El transporte de un fluido tan delicado como la vacuna de un continente a otro, en penosas travesías marinas que duraban meses, sin electricidad para mantener la cadena del frío, se antojaba insuperable. Y sin embargo, Balmis lo logró, sirviéndose de un centenar de niños huérfanos; sus cuerpos funcionaron como correas de transmisión y llevaron la ansiada vacuna alrededor del mundo hasta alcanzar el misterioso continente chino.

La historia de su expedición, mezcla perfecta de filantropía y militar, está llena de éxitos y tragedias, de dificultades y enfermedades, de incomprensión y de peligros, y de pérdidas irremediables.

Ingenio, sobre todo ingenio

El uso de huérfanos como correo resultó una idea tan ingeniosa que incluso hoy en día sorprende a los expertos. Charles Arntzen, investigador pionero de la Universidad de Arizona que explora nuevas formas de vacunas biotecnológicas inyectadas en alimentos y plantas para superar la cadena del frío, lo considera una «idea fascinante» para la época.

Los niños de corta edad resultaban idóneos ya que la vacuna prendía en ellos con más facilidad; con una lanceta impregnada del fluido se les realizaba una incisión superficial en el hombro, y unos diez días después surgían un puñado de granos -los granos vacuníferos- que exhalaban el valioso fluido antes de secarse definitivamente. Era el momento de traspasar la vacuna a otro niño. Balmis vacunaba dos niños cada vez para asegurarse de que esta cadena humana no se rompiera. De esta forma, los niños suponían el auténtico motor de la expedición, la «gasolina» que hacía avanzar la empresa. «Su expedición es la más importante aportación española a la historia de la salud pública», asegura Guillermo Olagüe, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada.

«22 ángeles», la película de RTVE que hace justicia a la memoria de la primera misión humanitaria de la historia

El papel de Isabel Cendal fue capital desde el primer momento, como encargada de encontrar a los «22 ángeles» y de ocuparse después de ellos durante la travesía. Los pequeños debían tener ocho años y estar libres de enfermedades. Robert Fonollosa explica que aunque hoy parezca imposible separar a niños tan pequeños de sus familias, «hay que tener en cuenta el contexto histórico». «Eran zonas rurales en las que había gran escasez. Les prometían una vida mejor y su marcha suponía una boca menos que alimentar, dentro de familias con varios hijos, muchos de los cuales se morían».

Aunque ya no se cuenta en la película, Cendal acabó fundando una escuela de enfermería que todavía sigue en funcionamiento en México. «El presidente de la República aún entrega cada año un premio que lleva el nombre de Isabel, una personalidad española mucho más reconocida allí que en España», añade el productor.

Documental sobre la vida de Balmis

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