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Desde que cayó en mis manos un extenso artículo de Fletcher Valls casi por casualidad, acerca de una construcción megalítica en Monforte, cerca del río Vinalopó, traté de investigar de qué se trataba. Desconocía absolutamente tal hallazgo y la importancia que podría tener el que, posiblemente, fuese uno de los primeros asentamientos humanos en el término del actual Monforte del Cid.

Por Francisco J. Lifante

He decidido dividir en varios artículos este relato. En primer lugar por su importancia e interés, y segundo porque soy un profano en la materia y no sé la extensión que puede derivar el escribir acerca este tema tan rico y emocionante.

En la página del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, existe una guía de monumentos megalíticos de España. Como podemos apreciar si pulsamos este enlace, Guía de Monumentos Megalíticos en España, hay un desplegable en el que podemos ver un listado de provincias en la que podemos encontrar este tipo de construcciones, sin embargo, en la provincia de Alicante parece ser que no hay catalogado ninguno. Pero empecemos desde el principio, haciendo una contextualización histórica y sus distintas interpretaciones.

Contexto general

Stonehenge

Stonehenge (en Wiltshire, Gran Bretaña) es una de las estructuras megalíticas mejor conocidas del mundo.

El término megalitismo procede de las palabras griegas mega (μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra. En sentido estricto muchos autores únicamente denominan megalitismo al fenómeno cultural cuyo foco se localiza en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica, que se inicia a partir de finales del Neolítico (3.000 a.C.) y dura hasta la Edad del Bronce (1.200 a.C.)  y que está caracterizado por la realización de diversas construcciones arquitectónicas hechas con grandes bloques de piedra escasamente desbastados y denominados megalitos.

Grandes monumentos megalíticos se hallan diseminados por buena parte de Europa occidental, pero los focos más importantes se encuentran en Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda, y sur de España y Portugal.

Este fenómeno se identifica esencialmente con la construcción de tumbas monumentales del tipo dolmen (en bretón mesa de piedra), en cuyo interior se fueron enterrando sucesivamente a los fallecidos de un grupo humano, apartándose cuidadosamente los huesos de los anteriores difuntos (enterramientos colectivos). Los dólmenes pueden ser simples o de corredoren galería, o cistas, y la mayoría estuvieron inicialmente cubiertos por un túmulo de tierra o piedras, que actualmente suele haber desaparecido en su mayor parte.

Connotaciones mágicas y/o telúricas

Según el artículo publicado por el profesor Guillermo Alfredo Terrera (1) en Mystery Planet:

«No es de extrañar la gran dispersión megalítica en Europa, ya que sus grandes constructores fueron los celtas y los druidas, quienes levantaron en todo el continente estas manifestaciones líticas de contenido mágico y metafísico. (…) También se cree que consistían en mesas de enorme tamaño en las que comía una raza de gigantes que habitaba en esas regiones. De allí proviene su denominación de dolmen, que en lengua gaélica —un derivado lingüístico del sánscrito— significaba «mesa de piedra», de las voces «dol», ‘mesa’ y «men», ‘piedra’. Estos monumentos consistían en dos piedras verticales y una horizontal que atravesaba o coronaba la parte superior de aquellas.

Dado el tamaño de estos monumentos, se piensa que los antiguos druidas y celtas las construían con el fin de que esos mitológicos gigantes —que tal vez fueron akukeris, ymires, cíclopes, o hiperbóreos— las utilizaran en sus grandes banquetes o comidas diarias. Todas estas construcciones megalíticas son propias del conocimiento mágico, hermético y metafísico de los pueblos de origen indoario, lo que posibilitó su difusión por diferentes lugares de la Tierra».

Para comprender qué es la corriente telúrica  hay que saber primero que nuestro planeta tiene un campo magnético que se extiende desde el núcleo hasta el espacio exterior, donde se va atenuando.

Este campo tiene efectos electromagnéticos que son los que crean la magnetosfera, una especie de capa protectora magnética que nos protege del viento solar, un flujo de partículas de alta energía que nos envía nuestra estrella, el Sol.

Este campo magnético y la magnetosfera  son importantes en el mundo no sólo por protegernos de los efectos dañinos del viento solar, sino porque dominan muchos aspectos de la vida del planeta. Por ejemplo muchos animales utilizan este campo para guiarse en sus viajes. Nosotros también lo hacemos, con las brújulas, que utilizan este magnetismo.

El término telúrico proviene del latín tellūs, que significa Tierra. Una corriente telúrica es una corriente eléctrica que se mueve bajo tierra o a través del océano. Tienen una muy baja frecuencia, y corren muy cerca de la superficie terrestre. Son inducidas por variaciones naturales en el campo magnético terrestre, en interacción con el viento solar y la magnetósfera.

Nuestros antepasados las conocían y las apreciaban… y sin saber aún muy bien porqué, colocaban dólmenes o menhires donde encontraban un punto de energía. Estos estaban casi siempre colocados en lugares privilegiados, en nudos de corrientes telúricas que pueden ser de muy diverso orden: ya sean corrientes cuyas fuentes profundas nos sean desconocidos, surgidos sin duda del magma central, o bien de otras, más fácilmente determinables, surgidas de capas freáticas subterráneas.

La vida de la tierra pasaba por esos puntos y nuestros antepasados colocaron sus ofrendas, quien sabe, para evitar nuevas catástrofes o iniciarse en estos templos megalíticos en los secretos de la naturaleza. Algunos expertos piensan que los dólmenes eran » lugares donde las corrientes telúricas ejercían en el hombre una acción espiritual al situarse en un lugar donde «alienta el espíritu».

El descubrimiento del Dolmen del Chorro L’Asut en Monforte del Cid

Eulogio Esplá Candela, descubridor del monumento megalítico

El descubrimiento tuvo lugar por parte de D. Eulogio Esplá Candela (2), que era hijo de José Esplá Bernabeu, alcalde entre el 12 de abril de 1931 y el 26 de abril de 1934, y entre el 20 de febrero y el 8 de mayo de 1936. José Esplá es quizá la figura más relevante del periodo histórico comprendido entre 1931 y 1939, del que destaca su condición de alcalde en la II República y su pertenencia al Círculo Republicano. Como datos adicionales decir que fue farmacéutico de la población y vocal de la Junta Local de Sanidad desde 1922. En 1936 también será nombrado miembro del Consejo Municipal de Primera Enseñanza. También fue farmacéutico en la ciudad de Alicante y Jefe provincial de Sanidad.

Eulogio Esplá estuvo matriculado entre el 31 y 39 en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Elche y se licenció en Filosofía y Letras. Gran aficionado a la arqueología, son frecuentes sus artículos entorno a este tema en la revista de fiestas de Moros y Cristianos hasta el año 2002, y además del monumento prehistórico de Fletcher también estuvo presente en el hallazgo de la lápida romana en 1981, tras la reforma del ayuntamiento, bajo las antiguas escaleras, y tras haber estado perdida 50 años.

Además, aparece en un listado de procedimientos incoados por la Justicia Militar en 1939, bajo responsabilidad del Tribunal Militar Territorial (se puede comprobar en este enlace). No obstante, el autor del extenso artículo, el Doctor Domingo Fletcher Valls, en el que describe el extraordinario hallazgo, le sitúa como «estudiante de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia».

Domingo Fletcher Valls fue un arqueólogo, especializado en el estudio de las culturas prehistóricas de las tierras valencianas. Nació en la Valencia, el 19 de agosto de 1912, y en 1934 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia, recibiendo el Premio Extraordinario. En Madrid, estudió el doctorado. Profesor Ayudante de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Central desde 1933.

Precisamente, sería la conexión universitaria entre Esplá y Fletcher, la que posibilitó la comunicación del descubrimiento megalítico en 1935.

Esplá informó al Servicio de Investigación Prehistórica de la importancia del hallazgo, y les anunció según reza el artículo «la existencia de una construcción de marcado carácter prehistórico, según podía apreciarse por las fotografías del hallazgo que exhibió» situadas en el término municipal de Monforte del Cid.

El artículo prosigue señalando que «ante el posible interés de este descubrimiento, el Servicio procedió a efectuar el debido reconocimiento y levantamiento de planos. (…) Hecho el estudio de lo que podía verse, a simple vista, y aunque la Dirección del Servicio lo juzgó de gran interés, por estar en marcha otras excavaciones, no hubo posibilidad de acometer entonces los trabajos de excavación, que se iniciaron en 1941, realizándose una primera campaña que no fue suficiente para dejar al descubierto totalmente la construcción, lo que esperamos se logre en una visita al yacimiento».

Lo cierto es que desconocemos si el Doctor Fletcher volvió para profundizar más en la excavación. Lo que podemos asegurarles es que las siguientes partes de esta serie de artículos que hoy comienza serán muy interesantes. Pido sean indulgentes conmigo por los posibles errores que pueda cometer en esta investigación pues no soy ni historiador ni arqueólogo. Tampoco se trata de una investigación con ambiciones científicas ni académicas, sino que más bien trato de testimoniar un acontecimiento del todo desconocido y realmente interesante.

Continuará…

Notas:

(1) «El Valle de los Espíritus», Capítulo II.

(2) Fuente: Archivo Municipal de Monforte del Cid

 

 

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Francisco J. Lifante
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