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El Primero de Mayo es una fecha trascendental en el devenir histórico del mundo moderno. Se trata de un día de reivindicativo en donde la clase obrera (física, intelectual o ambas juntas) tradicionalmente se manifiesta por sus derechos desde hace 134 años.

El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo es la fiesta del movimiento obrero mundial pero muchos desconocen por qué se celebra cada día 1 del mes mayo.

Es una jornada de homenaje a los Mártires de Chicagosindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de 8 horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido 3 días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. A partir de entonces se convirtió en una jornada reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general que es celebrada en mayor o menor medida en todo el mundo.

Ilustración de la Revuelta de Haymarket

Los sucesos de Chicago además costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes europeos: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

El principal logro de aquella revuelta fue que a finales de mayo de 1886, varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. Y por esa razón entre muchas después, hoy en día disfrutamos, al menos legalmente, del derecho al descanso, la limitación de 8 horas, las horas extras, etcétera.

El Primero de Mayo en «la nueva realidad»

En esta «nueva realidad» que nos cuentan que debemos vivir, este Primero de Mayo debe ir especialmente dirigido a reivindicar la labor y el compromiso de los trabajadores de los servicios esenciales, que en muchos casos, han trabajado sin ningún medio de protección durante estos días.

La primera lección de esta crisis es que necesitamos reforzar los servicios públicos en nuestro país y para ello hay que invertir más en la sanidad, sin lugar a dudas, pero también en la atención a nuestros mayores. Nuestras residencias han sido gestionadas de manera desastrosa y tiene mucho que ver con una política continuada de recortes que nos ha llevado a esta situación.

Para ello es fundamental hablar de impuestos y recuperar el principio de progresividad fiscal, regular la economía sumergida (estimada en unos 70.000 millones de €) y el control de la fuga de capitales a paraísos fiscales que en muchas ocasiones están aquí al lado, de tal manera que la financiación pública sea suficiente como para asistir a todas las necesidades básicas de la ciudadanía.

Cambiar el modelo productivo

Hay otro modelo que es posible, y además, necesario. Es necesario un gran acuerdo político, económico y social para abordar esta situación, por eso es importante hablar de del necesario cambio de modelo productivo.

Hay que fortalecer la industria y dar más calidad a nuestro sector turístico, y en ese camino, este pacto debería ser la guía para que en los próximos años podamos hablar de investigación, de innovación, de desarrollo y valor añadido. Ese es el pacto que debemos conseguir y que debe ir más allá del Estado español, debe instaurarse a nivel europeo.

Garantizar elementos básicos frente a la globalización

Europa no puede continuar en este sistema de globalización sin proteger a sus ciudadanos. En esta crisis se ha puesto de manifiesto que tenemos un déficit productivo de elementos de primera necesidad para nuestra salud y seguridad que, como hemos comprobado en esta pandemia, no podemos dejar en manos de la globalización.

Tenemos que garantizar esos productos, en el seno de la UE, o en el de los estados, y hay que fortalecer el sector público, porque el Estado tiene que estar presente en sectores esenciales como el sector de la energía o el de las finanzas para garantizar elementos fundamentales de protección de los ciudadanos y ciudadanas.

La clase obrera hoy

Los colectivos populares, demuestran tanta vitalidad hoy, cuando se comprueba que quienes mantienen la vida y la economía son los de abajo, los que trabajan todos los días. Esa gente ve en múltiples manifestaciones “la bestialidad del imperialismo” que hoy bloquea a pueblos enteros que requieren alimentos y medicinas para enfrentar la pandemia.

Y observa que las distancias sociales son enormes e injustificadas entre ricos y pobres, que el “quédate en casa” no es igual para el que vive en mansiones y para el que vive en una covacha o no tiene techo; que la educación es desigual entre quien accede a ordenadores e internet y el que los mira desde lejos. La desigualdad social se presenta también en los servicios hospitalarios, en la seguridad de contar con alimentos, en las esperanzas personales y familiares para el futuro. 

Este Primero de Mayo la permanente demanda por un empleo digno se presenta hoy como universal, cuando los de arriba tienen su entorno y su riqueza protegida, mientras los de abajo sufren amenazas de desempleo, de reducciones salariales (incluso por debajo del mínimo vital), de alteración de sus condiciones contractuales, de ataque a los trabajadores migrantes, estén donde estén y sin importar su procedencia. Trabajadores y trabajadoras con o sin empleo, sin importar su origen étnico, deben unirse para enfrentar la guerra contra los pobres que anuncian burgueses y oligarcas. Basta ver a los seguidores de Trump pidiendo la reapertura de las empresas en Nashville, Tennessee, con letreros que pedían que: “sacrifiquen a los débiles”; o la disputa por la posición y negocio con las vacunas para el coronavirus.

Trabajo digno implica condiciones, al menos mínimas, de salud y protección sanitaria en los lugares de trabajo. Múltiples huelgas, en diversas partes del mundo, incluyendo en transnacionales poderosas, han sido necesarias para que se demande esa protección contra la pandemia. Incluso los trabajadores de la salud de diversos países han denunciado la falta de equipos básicos para su protección y la de los pacientes, siendo amenazados con despidos por hacer conocer la verdad.

«Nuestra salud es esencial»

Trabajo que sea protegido por los Estados, que por lo general protegen a la riqueza y la sacrosanta propiedad privada. Esto, justo cuando la propiedad común y los intereses comunes se muestran como la salida posible a la crisis, como incluso lo han debido reconocer al mencionar que la salud en manos públicas y gratuita es un bien que debe ser fortalecido y dejado al margen de las leyes del mercado.

Y se observa la necesidad de gobiernos de los trabajadores, trabajar con esa finalidad. Mucho se habla de lo nuevo que se verá tras la pandemia y las nuevas condiciones de trabajo, las nuevas luchas, posibilitan que entre lo nuevo esté con más claridad la constitución de la “clase para sí”, de los trabajadores y trabajadoras que afinan su pensamiento, de los que buscan unirse en organizaciones propias, de los que entienden que solitarios serán derrotados, pero unidos pueden vencer y cambiar la historia.

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