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Me gustaría dedicar este artículo a los más jóvenes. Me refiero a que, por lo que he podido comprobar, hablando con ellos por unos y otros lados, no tienen del todo consciencia de las muchas particularidades históricas más recientes de nuestro pueblo. De ahí que sea muy necesario saber de donde provenimos como pueblo, cuál es nuestra identidad y por qué somos así hoy día. Conocer nuestra historia nunca ha sido perjudicial.

Por lo tanto considero que la documentación histórica contrastada con la tradición oral son muy importantes. Lamentablemente se me ha hecho algo tarde para lo segundo. Quedan muy pocos testimonios vivos acerca de cómo era Monforte hace ochenta o noventa años, coincidiendo en el tiempo con uno de los episodios más interesantes de nuestra historia: la primera mitad del siglo XX

Después ya vienen las radios, las televisiones y las redes sociales, y de casi todo queda constancia instantáneamente, incluso de la parte de nuestras vidas privadas que compartimos públicamente a cambio de nada.

En este sentido, y caminando en uno de esos días de operación «mantenerme en forma sin conseguirlo», es decir, andando por el pueblo, vi la calle dedicada a José María Pemán, cosa que me produjo un inmediato debate interno y un súbito aumento del ritmo andante para pasar por ella lo antes posible.

La figura de José María Pemán

«La idea de turno o juego político, ha sido sustituida para siempre, por la idea de exterminio y expulsión«. La frase es de una alocución de José María Pemán (Cádiz, 1897-1981) en Radio Jerez el 24 de junio de 1936. A una semana del golpe de Estado.

Dicen historiadores como Paul Preston que el que fuera uno de los próceres literarios del franquismo apoyó sin contemplaciones el estallido militar. Y luego animó con textos y discursos la «matanza fundacional del franquismo», subraya Francisco Espinosa. Que fue un incitador al genocidio. A la sanguinaria represión que dejó España sembrada de fosas comunes. José María Pemán fue uno de los grandes responsables de la ‘depuración de los maestros’. Todo aquel que tuviera relación con la apuesta pedagógica republicana quedó expedientado en el primer franquismo. Unos 60.000 profesores. Muchos de ellos ejecutados, en una suerte de inquisición contra la Institución Libre de Enseñanza.

Celia Navarro Vila, maestra represaliada en Monforte

Un ejemplo de la represión que sufrieron los maestros por esta causa la podemos encontrar aquí mismo. Se trata la maestra destinada a la escuela de Monforte del Cid, Celia Navarro Vila, trasladada desde Benejúzar y acusada de mala labor docente, deficiente conducta moral, indiferencia religiosa y de haber sido vocal de la UGT. La Comisión depuradora del Magisterio la condenó a traslado forzoso dentro de la provincia, por lo que fue trasladada desde Benejúzar a Monforte (Fuente: Carlos Salinas – Isabel Domenech).

Poeta, escritor, periodista, músico… tiene una biografía marcada por un puñado de vertientes artísticas. Y no faltan voces para criticar el supuesto valor de gran parte del legado de Pemán. Máxime en una España que perdía por aquellos verdugos las voces de Federico García Lorca, Antonio Machado o Miguel Hernández.

«¿Cómo una figura como Pemán pudiera dar nombre a un colegio en Italia, Alemania o Francia?», pregunta el historiador José Luis Gutiérrez Molina. «Porque el fascismo español es la única dictadura de los años 30 que no ha sido derrotada». Es la memoria viva «de los pilares sangrientos sobre los que se construyó el régimen franquista».

¿Reabrir la herida? ¿Pasar página?

Ante los fútiles argumentos de los contrarios a la restitución de los honores de los represaliados, sólo cabe responder: no se puede reabrir una herida que nunca se cerró, ni pasar una página sin leer la anterior.

A mi  entender, ya no se trata de cambiar un simple nombre de cualquier calle, es restaurar el nombre de aquellas calles que desaparecieron bajo el yugo de la más dura postguerra.

No pido el cambio de nombre a la calle José María Pemán

No creáis que mi intención es pedir el cambio de nombre de una calle. Nada más lejos. Simplemente me gustaría que comprendáis la intencionalidad de algunas cosas, y nuestro callejero, la simbología de su nomenclatura, la historia nunca pronunciada de un silencio demasiado largo e impuesto por la férrea dictadura del «cállate o plomo».

Durante la época más oscura del siglo XX en España, el nombre de la calle José María Pemán sustituyó al de otros. El verdadero cambio de nombres en el callejero se produjo bajo las dictaduras de Primo de Rivera (1923-1930) y Francisco Franco (1939-1975), en el que se sustituyeron los nombres de calles dedicados a ilustres monfortinos como los hermanos Orozco, intelectuales de finales del siglo XIX que llegaron a ostentar cargos de responsabilidad ministerial durante el conocido como Sexenio Democrático (1868-1874).

Los hermanos Joaquín y Pascual Orozco, oriundos de Monforte del Cid fueron premiados a nivel nacional e internacional por sus manuales escolares en las materias de Lengua española y Matemáticas; y según creo, aunque lo tendremos que corroborar documentalmente, uno de ellos llegó a ocupar un cargo importante en el Ministerio de Educación durante la I República Española (1873-1874)

Retroceso en las libertades democráticas y civiles

Las cosas no han cambiado demasiado en esencia. Nos han concedido las libertades (económicas) propias de un sistema neoliberal pero nunca hemos avanzado en las libertades civiles, propias de un Estado del Bienestar genuino en su ámbito conceptual. Lo último aparecido en los medios son las condenas de cárcel al rapero Pablo Hasel (ver artículo «Estos son los 64 tuits y la canción por los que ha sido condenado el rapero Pablo Hasel», www.publico.es de 18/01/2018).

La legislación actual (Ley Mordaza), en las cuestiones de las libertades básicas como la de expresión, se están pareciendo peligrosamente al espíritu con el que fue concebida la judicatura franquista, con tribunales específicos para la represión civil y militar.

Más bien, la idealizada «transición», fue un «pasito pa’tras» de los verdaderos dueños del sistema económico, que no democrático, para dar dos «pa’lante». Quiero decir con esto que para que siguiéramos siendo dóciles, nos concedieron un crédito de pseudo-libertades para arrancárnoslas de cuajo durante los siguientes 30 años, eso sí, muy despacito, sin que se note.

No pido el cambio de nombre, sino el conocimiento. Pido aprender, sobre todo de nuestros errores, para que no se reproduzcan. Seguiré acelerando el ritmo al caminar por allí, pero seguiré pasando para que (simbólicamente) sepa lo que pienso de él.

He dicho.

 

Francisco J. Lifante

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